Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir.# 117

Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir

“Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios.  Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo.  Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.” (Juan 19:7-11).

En este texto, cuando Pilato escuchó que Jesús debería morir, sabiendo de su inocencia, entre en pánico, y siguió interrogando a Jesús, pero no le dio respuesta. Pilato presumió tener autoridad sobre la vida de Jesús, pero Jesús le aclara que toda autoridad proviene de Dios. Este pasaje es una revelación de la responsabilidad moral de quienes entregan a Jesús; pero, sobre todo, es la prueba de la soberanía de Dios sobre el poder humano.

“… y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios” Declararse Jesús como “Hijo de Dios” fue una blasfemia para los judíos, y la causa de su condenación. De acuerdo con Ley Mosaica había una justificación de esta demanda ante Pilato. No hubo otra causa condenatoria para Jesús, sino esta acerca de su divinidad.  Pero los judíos no podían ejecutar la pena de muerte por sí solos, de allí la búsqueda del respaldo de Pilato.

James Bartley dice: “Jesús se había presentado como el Hijo de Dios, haciéndose igual a Dios (ver 5:18; 8:53; 10:33–36). Beasley-Murray comenta que “su pretensión mesiánica era muy seria para los judíos, pero el afirmar ser el Hijo de Dios, con los roles acompañantes de redentor y revelador, era intolerable” (Comentario Bı́blico Mundo Hispano: Juan, 1. ed. (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2004), 378.

“Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo”. El miedo de Pilato es doble: por un lado, teme las posibles consecuencias políticas y, por otro, le inquieta la dimensión espiritual de la acusación. El temor muestra la conciencia de Pilato de que está ante un caso fuera de lo común. Además, refleja su inseguridad ante la presión de los judíos y el misterio que rodea a Jesús. El pasaje subraya la importancia del momento y la tensión en el juicio y el veredicto de Pilato.

“Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú?”. Ahora tenemos a un Pilato, intrigado y asustado, de allí su regreso al interior del pretorio para interrogar a Jesús en privado. Su pregunta, “¿De dónde eres tú?”, buscaba más que una ubicación geográfica. La personalidad enigmática de Jesús le produjo inquietud para saber en presencia de quién está. Así pensaría Pilado: estoy en presencia de un hombre con una presencia divina jamás visto antes.

“Mas Jesús no le dio respuesta.” Este silencio no es desdén, sino que muestra la soberanía y control de Jesús sobre la situación. Jesús cumple así las profecías de Isaías sobre el Siervo sufriente que no abre su boca ante sus opresores (Isaías 53).  Este silencio fuerza a Pilato a reflexionar sobre su propia responsabilidad y sus temores. Es un momento de profunda tensión y significado espiritual en el relato. El reo domina el momento sin decir una palabra.

“¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?” Ante este silencio, el gobernador enfatiza su autoridad política y legal sobre la vida y muerte de los acusados. Esta afirmación denota la visión humana del poder y la justicia, basada en la posición y el control. Y aunque Pilato trató de convencer a Jesús para que colabore y no sea sentenciado, el texto anticipa que el poder no estaba en una autoridad terrenal, sino divina.

“Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba…” Jesús responde que toda autoridad humana proviene de Dios, reconociendo la soberanía divina sobre los acontecimientos. De este modo, le dice a Pilato que su poder es limitado y concedido desde el cielo. Jesús no se somete por temor, sino por obediencia al plan de Dios. No está para ser liberado, sino porque la autoridad del Padre está permitiendo estos acontecimientos.

“…por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.”  Cuando Jesús hizo esta esta declaración pone el peso del pecado en quienes le han entregado, y señala la responsabilidad moral de los líderes judíos. Esta respuesta subraya la diferencia entre el poder terrenal y el propósito divino, mostrando a Jesús como dueño de su destino. Es una lección sobre humildad, responsabilidad y la verdadera fuente de autoridad. Era Dios, y no Pilato, el dueño del momento.

La enseñanza más grande de este texto es que, así como Jesús permaneció firme y confiado ante Pilato, recordando que toda autoridad viene de Dios, nosotros también podemos enfrentar las adversidades con fe y serenidad sabiendo que nada escapa del control divino. El silencio de Jesús nos enseña a obedecer y a confiar en los planes de Dios aun cuando no comprendamos todo.

¿Qué nos enseña este pasaje acerca de la autoridad de Pilato de poder soltar a Jesús por ser inocente y su indecisión de complacer a quienes lo acusan?

LA PALABRA EXPUESTA

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