CREE SOLAMENTE (Lucas 1:5-25)

 

 

En la vida cristiana la fe puede llegar a un punto de no avanzar si se topa con algo imposible de creer. Observe, por ejemplo, algún acontecimiento en su vida donde de repente es sacudido por una prueba, o es llevado a un callejón sin salida donde esa experiencia le demanda creer más allá de sus fuerzas, o más allá de sus emociones. ¿Cómo se siente frente a eso? ¿No es cierto que a veces nuestra fe entra en una especie de túnel donde la duda es la protagonista? En el presente pasaje Lucas nos ofrece un caso donde se demandaba una fe muy grande para creer en un milagro. Zacarías sabía que Elisabet era estéril. Pero además de esto, ambos eran viejos. En el mensaje anterior hicimos énfasis en la frase “las cosas ciertísimas” respecto a los relatos de la vida de Jesús, por esta razón Lucas le escribió su libro a Teófilo, quien debió quedar impresionado por el relato de dos milagros narrados sólo en el primer capítulo.  El pasaje es la narración de Lucas de cómo nació Juan el Bautista y cuál sería su nombre. Aquí nos encontramos con un parecido al caso de Abraham y Sara, pero con la diferencia que Abraham creyó y le fue contado por justicia. Al aplicar esto deberíamos preguntarnos si realmente creemos en los milagros hoy. La vida cristiana no irá más allá del tamaño de mi fe. ¿Qué significa realmente creer? Que el mensaje de este pasaje es ayudarnos a vivir nuestra fe con verdadero poder, vigor y libertad. Este pasaje nos hará pasar de un creer simplemente donde solo entra la razón, para ir a un nivel mayor, donde solo Dios puede intervenir, quien opera más allá de nuestras limitaciones. Un pasaje como este está puesto para transformar radicalmente nuestras vidas en el sentido de creer más allá de nuestra incredulidad. Que no seamos creyentes incrédulos, al ver lo que Dios es capaz de hacer en un momento de nuestras vidas. He aquí un verdadero reto de cómo creer frente a algo imposible.  Respondamos la pregunta, ¿qué hace Dios para llenarnos de certidumbre en tiempo de incertidumbre?

 

  1. ÉL OBRA CON SU PROVIDENCIA PARA MOSTRAR SU PLAN

 

  1. La providencia de Dios en el tiempo (v. 5, 8). La providencia se define como “la creencia de que los acontecimientos de nuestra vida no están regidos por la mera casualidad o el destino, sino por nuestro soberano y amoroso Señor, que está llevando a cabo Su plan y propósito perfectos en nuestras vidas”. Esto es lo que exactamente ocurrió en Zacarías, el hombre del cual nos ocuparemos en este mensaje. El Herodes mencionado acá es el Grande (37 a. C al 4 d. C). ¿Sabía usted que no es el destino ni la casualidad lo que define mi vida, sino el soberano propósito divino? Como no somos un accidente en esta vida, Dios trabaja en cada acontecimiento sucedido. Este es el caso de Zacarías. Él era un sacerdote de la división de Abías, de acuerdo con el orden establecido por David para los turnos en el servicio al templo (2 Crónica 8:14). Se cree que para ese momento había unos 18.000 sacerdotes sirviendo en el templo. Si un hombre era seleccionado para entrar en el templo para quemar incienso, eso sucedía una vez en toda su vida para servir de esta manera. Zacarias esperó ese momento; pero, sobre todo, Dios esperó Su momento. Los tiempos de Dios se mueven dentro de su providencia. No importa cuánto tenga que esperar, usted tendrá su turno.

 

  1. La providencia de Dios en el instrumento escogido v. 6, 7. Había dos cosas en común con esta pareja: ambos provenían de dos familias sacerdotales, y los dos eran de la casa de Aarón. Eran una pareja ejemplar sirviendo en la casa de Dios en total consagración. La consagración de Elisabet nos revela la mujer a quien Dios escogerá, al igual que María, para uno de los más grandes acontecimientos de la historia bíblica. Sorpresivamente Lucas dice que Elisabet era pariente de María, por lo tanto, Juan y Jesús eran familia. Si seguimos pensando en la providencia divina, Dios ya había hecho esta previsión en su única y exclusiva economía. Dios escogió a través del curso de la historia a mujeres para sus sagrados propósitos, y muchas de ellas tenían algo en común: eran estériles. Así pues, Dios escogió a Sara en su condición de estéril, para traer a Isaac, el hijo de la promesa; Dios escogió a Raquel en su condición de estéril, para dar a luz a José, el salvador de Israel; Dios escogió a Ana en su condición de estéril, para traer a Samuel, el primer juez, estadista y quien ungió a los dos primeros reyes de Israel, y ahora escoge a Elisabet, en la misma condición de estéril, para dar a luz a Juan, el último de los profetas, y quien preparó el camino al Señor. Para Dios no hay nada al azar, sino una dirección perfecta en su providencia con el cual cumple su plan.

 

  1. La providencia de Dios sustentando en la aflicción v. 7. Ahora leamos con detenimiento el versículo 7, “pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y “ambos eran de edad avanzada”. Esa declaración resumida dolorosamente, hace pensar en los años de dolor y tristeza por parte de Zacarías y Elisabet. La ilusión de cada pareja es tener hijos tan pronto se casan, por eso no entendemos a esas madres asesinas, quienes voluntariamente abortan a sus hijos. Pensemos en esta pareja. Mira a Zacarías ahora, encorvado, viejo y marchito; su rostro y su barba delatan décadas de trabajo duro y con un matrimonio fiel con Elisabet. Míralos en sus años de juventud cuando ambos tenían los sueños propios de querer tener una familia, pero el bebé nunca llegó. ¿Sabe usted cuántas oraciones hizo esta pareja? Sin embargo, la respuesta fue el silencio. Pasan décadas y se vuelven angustiosamente solos y con la realidad de no ser bendecidos con hijos. La esterilidad era lo peor que podía ocurrirle a una mujer casada. De hecho, en la antigüedad era considerada como una maldición, y hasta un motivo de divorcio, por eso algunas esposas le daban al marido la esclava para tener hijos (vea el caso de Sara y de Raquel). Esto hizo exclamar a Raquel: “Dame hijos o me muero”. Dios conocía el corazón de Elisabet, y en su providencia había una reservación para ella, y en el tiempo señalado Dios le dio un hijo nacido de su vientre estéril.

 

  1. ÉL DESCIENDE CON SU PODER PARA EJECUTAR SU PLAN

 

  1. Enviando a su mejor representante v. 19. Dios sabía de la frustración de esta pareja para tener hijos, pero también sabía de la profecía acerca de la llegada del hijo para ellos (Isaías 40:3; Malaquías 3:1). Y para el cumplimiento de esta profecía, y ejecución de su plan, Dios tenía a su mejor mensajero, el poderoso ángel Gabriel, el que está delante de Él (v. 19). De esta manera, esta historia milagrosa estará rodeada de muchas emociones para hacer volar la imaginación del lector. Lucas es un maestro de la narrativa, y por eso nos presenta el recordatorio de lo que el pueblo hacía, orando afuera, mientras Zacarías estaba ministrando en el templo v. 10. Ellos esperaban expectantes por la bendición sacerdotal, la dejada por Aarón para bendecir al pueblo (Número 6:22-27), pero para su sorpresa, cuando Zacarias sale, está mudo, y sólo habla por señas. La gente pronto se dio cuenta de lo ocurrido: un ángel se le apareció en la mano derecha del altar de incienso. En el estudio de la angeología encontramos ángeles poderosos para ejecutar las órdenes del Señor, pero que Dios mandara a Gabriel, eso debió ser excepcional.

 

  1. Revelando la mejor noticia v. 13. La respuesta a la oración contestada traída por Gabriel simplemente es maravillosa. Dios escogió a este poderoso ángel para dar a conocer esta noticia, así como escogió a tres ángeles (Génesis 18), para dar a conocer a Abraham y Sara la noticia de la llegada de Isaac. De igual manera, este Gabriel visitará a María y a José para darle la noticia del nacimiento de Jesús. La oración desata el poder de Dios, por eso debe ser constante. Las peticiones elevadas al cielo nunca quedan en el olvido, en el tiempo de Dios ellas serán respondidas. Zacarías y Elisabeth habían orado por muchos años por un hijo. En su caso, ellos debieron haber perdido toda esperanza, por las dos razones: Elisabeth era estéril, y los dos eran muy viejos. Pero vea cómo Dios respondió a la oración de Zacarías, no solo dándole a un hijo, pero a su vez respondió a la oración de la salvación de Israel. ¿Quién pudo pensar que Dios respondería a ambas oraciones después de tanto tiempo? Dios les da un hijo a Zacarías y a Isabel, ¡pero este hijo no es un hijo común! Este hijo será el precursor del Mesías, el Señor Jesucristo. Qué bueno es saber cómo el poder de Dios se manifiesta respondiendo las oraciones. Siga orando con más intensidad.

 

  1. Poniendo muda a la incredulidad v. 20. Ahora vamos a ver el desenlace de esta historia. La gente está esperando a su sacerdote. Nadie quiere perderse la bendición que se otorgaba al pueblo cada año, y en especial la de Zacarias a quien todos ellos conocían por su consagración. Pero cuando él sale de ministrar está mudo. El pueblo está ansioso por recibir la bendición, debido al oficio de quemar el incienso aromático, y la gente apostada allí quería asegurarse que sus oraciones habían subido al cielo, siendo esto la figura al quemar el incienso. Pero Zacarias está mudo, y la razón fue porque no creyó la posibilidad de ver un milagro en su vida, aunque conocía la historia de Sara, Ana, Raquel, la mamá de Sansón, y otras. Quedar mudo fue un duro golpe para el pueblo esperanzado, pero también para su esposa Elisabet. Imagínese la escena. Elisabet está esperando por su esposo para oír con gozo la experiencia de haber ministrado en el templo el incienso, un privilegio repartido a muy pocos hombres. Imagínese a Zacarías tratando de comunicarle a Elisabet la noticia de ser padres. Simplemente está mudo por el poder de Dios. Es bueno recordar que la incredulidad es seriamente reprendida por Dios, por eso “cree solamente”; no deje de creer.

 

       III.    Él RECUERDA SU PROMESA CON LA QUE CUMPLE SU PLAN

 

  1. El hijo a quien Dios llamó Juan v. 13b. Zacarías escuchó lo que otros hombres habían escuchado al ser visitado por seres celestiales. La expresión “no temas” calma los temores y trae una gran confianza. Además de la respuesta a la oración, Zacarias oyó el nombre que llevaría su hijo. Más adelante, y para recuperar la voz, a Zacarias se le preguntó cuál sería el nombre del hijo, y al escribir “Juan”, todos se asombraron, y en ese momento recuperó la voz. Juan fue el nombre asignado por Dios al hijo que vendría de un vientre muerto, y Jesús sería el nombre que vendría de un vientre virgen; ambos nombres fueron dados a conocer por el ángel. Ciertamente Zacarias va a durar nueve meses mudo, y el nombre que más recordará, con un gran deseo de pronunciarlo es Juan. Esto es interesante porque en el cumplimiento de la promesa Dios no solo operó el milagro de nacer en un vientre estéril, sino también con esta asignación divina, Dios estaba dando cumplimiento al más grande plan de salvación para la humanidad. Con la llegada de Juan se allanó el camino para la venida del Hijo del Hombre. ¡Qué privilegio para esta pareja!
  1. Este será grande delante de los ojos de Dios v. 15. En medio de esta sorprendente declaración Zacarias ha oído que la llegada de este niño sería uno de los más grandes motivos de gozo, no solo para la pareja, quienes habían perdido toda esperanza de tenerlo, sino también por los muchos que se regocijaron por la misión de ese niño. Su nacimiento no sólo producirá un júbilo instantáneo (1:58), sino porque en el futuro también, pues cuando el niño se haga hombre las multitudes se volverán de las tinieblas a la luz, porque Juan vendría con el poder y el espíritu de Elías (v. 16, 17). Zacarias escuchó de parte de Gabriel que ese niño será grande delante de Dios. Y así fue. Juan fue nazareo en su consagración (alguien con el pelo largo y no dado al vino). Vivió en el desierto, y cuando comenzó su ministerio, las multitudes acudían a él en arrepentimiento (Lucas 3:7). Juan fue el último de los profetas (Lucas 16:16), y las palabras acerca de su grandeza las pronunció el mismo Jesús de acuerdo con Lucas 7:28. No sabemos cuánto tiempo disfrutaron Zacarias y Elisabet la vida de su hijo. No sabemos si ellos estuvieran vivos para cuando le cortaron la cabeza, pero una cosa sí quedó clara, esta pareja debió morir feliz porque ellos vieron cómo Dios cumplió la promesa de la salvación de su pueblo. Ninguna promesa de Dios ha dejado de cumplirse.

 

CONCLUSIÓN: Uno de los asuntos más difíciles de nuestra fe es cuando nos encontramos ante algo imposible desde el punto de vista humano, porque hay que romper el orden natural de las cosas. Era imposible pensar en un embarazo para una mujer como Elisabet, estéril y de edad avanzada. ¿Qué significó para esta pareja la llegada de este hijo llamado Juan? Bueno que después de años de sequía espiritual y esperanza, la noticia del ángel Gabriel fue como una lluvia refrescante que hizo florecer la esperanza en sus corazones en aquel “desierto estéril”.  Zacarías, como un árbol que había estado seco y sin fruto, ahora florece con la promesa de un hijo. Elisabet, como una madre que había guardado la semilla de la fe en su corazón, ahora veía germinar la vida y la alegría en el hijo de su regazo. Ahora juntos, celebraban la llegada de este regalo divino, como un oasis en el desierto, lleno de gozo, gratitud y alabanza. No puede morir la esperanza, si nuestra fe está firmemente anclada. Dios se toma su tiempo para responder, “cree solamente”. Amén.

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