UNA PREGUNTA COMPROMETEDORA Lucas 6: 43-49

Jesús está terminando su sermón ¡y qué manera de terminarlo! No hay una pregunta más comprometedora en la Biblia como la que aparece en Lucas 6:46. De qué otra manera haría Jesús esta pregunta al parte final de su sermón.  ¿Por qué dices que me sigues con vuestras palabras, pero no me sigues con vuestras vidas? Otra manera sería: ¿Por qué actúas como hipócrita diciendo una cosa y haciendo otra? El asunto es que la pregunta de Jesús tiene mucho que ver con lo dicho hasta ahora de amar a nuestros enemigos, juzgar según la apariencia, perdonar para ser perdonados. Bien podemos decir: “Señor, Señor”, pero no hacer lo que Él nos demanda.   Algunos hombres de Dios dijeron lo siguiente acerca de esta pregunta: Martín Lutero dijo: “Esta pregunta es como un rayo que ilumina la hipocresía de los hombres. Jesús no busca solo que se le llame ‘Señor’, sino que se le obedezca”. Juan Calvino dijo: “Jesús no se contenta con que se le dé un título honorífico, sino que exige que se le obedezca”. Charles Spurgeon dijo: “La pregunta de Jesús es como un espejo que refleja nuestra propia hipocresía. ¿Cuántos de nosotros llamamos a Jesús “Señor” con nuestros labios, pero no lo obedecemos con nuestras vidas?”. Entonces ¿por qué esta pregunta es comprometedora? Porque nos desafía para ser auténticos en lo que creemos y cómo vivimos. Jesús no quiere seguidores a medias, sirviendo a dos señores. De qué manera nos confronta esta pregunta.

  1. CONFRONTA CON LA CLASE DE FRUTOS QUE DAMOS

Un árbol bueno dará siempre buenos frutos v. 43. La verdad simple de este texto es que cada árbol da el tipo de fruto para el cual fue creado; ningún otro árbol diferente dará su propio fruto. Usted nunca verá manzanas en un árbol de naranja. Del buen árbol se dice que da su fruto en su tiempo, y su hoja cae (Salmos 1). El principio de Jesús es que, así como un árbol bueno da frutos buenos, o uno malo, da frutos malos, se espera del creyente que sea un “árbol bueno”, y por lo tanto necesariamente debe dar buenos frutos. ¿Puede pensarse que un creyente de malos frutos? Bueno la verdad de esto es que todos tropezamos alguna vez, y hasta pasamos por épocas sin dar frutos. Sin embargo, de acuerdo con 1 Juan 3:4-10 los que conocen a Dios no continuarán con un estilo de vida dando siempre malos frutos. Hemos sido transformados, y el fruto de nuestras vidas debería ser evidencia de ese cambio. Si seguimos a Jesús en todo su sermón, Él ha enumerado varios momentos en nuestras vidas donde debemos dar buenos frutos, especialmente en lo que respecta a nuestro testimonio delante de los hombres, y delante de otros cristianos. Mis acciones revelaran el tipo de “árbol” que soy. El salmo 1 nos habla del árbol que da su fruto en su tiempo.

  1. Cada árbol se conocerá por su fruto v. 43b. ¿Cuál es la diferencia entre esta declaración y la anterior? Que mientras uno califica la calidad del fruto (malo o lo bueno), esta califica la naturaleza del fruto. Las hojas y las ramas de un naranjo pudieran parecerse al del limón, pero al final ambos se conocerán por su fruto. Usted pronto notará la diferencia entre morder una naranja o morder un limón. En la aplicación de esta metáfora a la vida, el creyente manifiesta su verdadera naturaleza a través de sus actos. Si usted es un creyente se va a conocer por su fruto, porque no hay esterilidad en la vida cristiana. De hecho, Jesucristo manifestó a sus discípulos su intención para que todos ellos llevaran frutos. En el pasaje de Juan 15 dictó una cátedra cuando habló de la necesidad de dar frutos. Así les ordenó a sus discípulos … y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca…” (v. 16). Posterior a esto Pablo parece haber recogido esas palabras y habló de la importancia del fruto del Espíritu (Gálatas 5:20), para que la vida cristiana sea extraordinaria y excelente. Si embargo, Pablo mismo había hablado previamente del fruto de la carne (v. 19-21); y de acuerdo con esto, el creyente es el único ser que podía dar dos tipos de frutos.

II. CONFRONTA LA CLASE DE CORAZÓN QUE TENEMOS

  1. El tesoro que puede haber en el corazón v. 45ª. La pregunta que hace Jesús lo lleva a hacer un análisis de lo que hay en el corazón, catalogándolo como recipiente de un “buen tesoro”, cuando habla del hombre bueno. Esta imagen del corazón como un “tesoro” es una metáfora que sugiere que nuestro corazón es el depósito de nuestros pensamientos, sentimientos y motivaciones que influyen directamente en nuestras acciones. La imagen del corazón como un tesoro nos recuerda a los sabios que vinieron del oriente, quienes, al ver al niño, abrieron sus tesoros y le ofrecieron sus regalos. Cuando nuestro corazón lo llenamos de “buenas cosas”, como de bondad, amor, generosidad y fidelidad, será todo lo contrario del hombre malo en cuyo corazón también hay un tesoro, pero de malas cosas. La Biblia describe el corazón bueno como el de alguien lleno de virtudes, quien ama la santidad, alejándose del pecado y siendo usado para glorificar a su Señor. La historia de José, el penúltimo hijo de Jacob, y sus hermanos es un buen ejemplo para ilustrar lo que hay en el corazón como “buen tesoro” o “mal tesoro”. Los 11 hermanos conspiraron contra él y lo vendieron, pero por la bondad de su alma, y su corazón puro, lo llevado a la grandeza.
  2. Lo que está en el corazón será su tema para hablar v. 45b. Estas palabras de Jesús, en el mismo contexto del corazón como “un tesoro” son una referencia a la verdadera naturaleza de lo que está dentro de nosotros y las palabras que salen de allí. Proverbios 18:21 nos dice que “la muerte y la vida están en poder de la lengua…”. ¿Cómo se ve esto? ¿Qué quiso Jesús decirnos aquí? Si una persona a menudo se enfada, es grosera, obscena, pesimista y criticón puedes estar seguro de que así es “por dentro”. Pero si una persona es amable, llena de ánimo, optimista y confiable, entonces puedes estar seguro de que así es “por dentro”. Por supuesto que esto pudiera darse la falsa apariencia para engañar a los demás con respecto a su carácter, sin embargo, tarde o temprano se sabrá lo que hay en su interior. Lo que hay en el corazón eso saldrá. Vamos a poner en contexto todo lo dicho por Jesús. Una palabra ociosa puede encender una contienda; una palabra áspera puede destruir una vida; una palabra llena de resentimiento puede despertar el odio. Sin embargo, una respuesta amable puede allanar el camino; una palabra alegre puede iluminar el día; una palabra oportuna puede reducir el estrés; una palabra cariñosa puede curar y bendecir.

Aplicación: Adrian Rogers solía decir algo como: “Si quieres ver de qué está hecho un hombre, sacúdelo un poco”.

II. CONFRONTA LA CLASE DE OBEDICENCIA QUE PRACTICAMOS

  1. Las implicaciones de llamar a Jesús “Señor” v. 46. Hay algo extraordinario cuando Jesús hizo esta pregunta, cuando habló de Su nombre. El nombre “Señor” es un título que sugiera gloria y majestad divina. Jesús sabía el origen la dignidad de este nombre. Cuando se hizo la versión griega llamada Septuaginta (LXX), estaba el llamado tetragrámaton (el nombre de cuatro consonantes YHWH). Como ese nombre era muy sagrado, se usó la palabra griega Kurios, esto es, Señor. Al atribuirse esto a Jesús, se le estaba llamando Yahweh, o sea “el Yo soy del Antiguo Testamento”. Y este nombre en griego llegó a ser también muy sagrado y reverente, adoración y demandaba absoluta obediencia. Para el tiempo de Jesús solo un hombre ostentaba ese nombre, y era el César. Todos los hombres deberían llamarlo “Señor”, y eso significa obediencia y adoración a su nombre. Entonces, cuando Jesús está preguntando de por qué lo llamaban “Señor, Señor”, estaba afirmando enfáticamente que eran deshonestos; porque, mientras lo confesaban como su Señor, no logran rendirle obediencia. ¿Y acaso Jesús no tiene razón? Entonces, la próxima vez que usted llame a Jesús “Señor, Señor” pregúntese tres cosas: ¿Lo estoy adorando, amando u obedeciéndolo?

 

  1. Las demandas de oír y hacer Sus palabras v. 47. En este texto hay tres verbos que son muy importantes: venir, oír y hacer. Como el pensamiento de Jesús en la pregunta hecha tiene que ver con la obediencia, Él se pone como garantía para hacer posible lo demás. Esta es, pues, una invitación para venir a Cristo, y a partir de allí debe comenzar la aventura de la vida cristiana. Observe que Jesús utiliza el pronombre “todo aquel”, y eso es interesante. Nadie queda excluido de poder llegar a Cristo. Hemos dicho que, en aquellos tiempos, los alumnos tenían que escoger a sus maestros, pero Jesús cambió esa regla, y Él mismo los llamó y los buscó. El otro verbo es “oír”, pero oír Sus palabras. Hoy día hay creyentes que andan cazando lo que otros dicen en las redes, pero muy poco lo que Jesús dice en su Palabra. Cuando uno escucha Jesús hablar de oírle, nos ha dejado textos sorprendentes como Juan 12:48, cuando se refiere a algunos que rechazan y no reciben sus palabras. Cuando uno no obedece lo que escucha como Palabra de Dios, está en desobediencia, y entra en la categoría de la pregunta de Jesús. Por esto Jesús va más allá, cuando dice: “… y las hace”. Es bueno venir a Cristo, oír su Palabra, pero más será hacer su Palabra.
  1. La seguridad al edificar sobre la roca v. 48. Se ha dado cuenta cómo Jesús hasta ahora ha respaldo sus enseñanzas, a través de maravillosos ejemplos, muchos de ellos llamados  parábolas. El asunto entonces será, ¿qué importancia tiene todo este sermón de Jesús, pero sobre  todo con la pregunta hecha? Que nuestra vida de éxito o de fracaso depende cómo la estoy edificando. Es interesante que Mateo, al hablar de estos dos cimientos, hace referencia a un hombre prudente y a otro insensato (Mateo 7:24-27). Mateo habla de construir sobre la arena, mientras que Lucas habla de construir sobre tierra. Ambos conceptos son iguales. Si doy por sentado que la roca donde se levanta el “edificio de mi fe” es Cristo, la obediencia debería ser la primera y gran señal en mi vida.  Quien edifica su vida sobre esa roca, Jesús le asegura una vida estable e inamovible, con la capacidad de aguantar la llegada de una “inundación”, o el “ímpetu” de la corriente del río, que son  imágenes de las distintas pruebas de la vida. De esta manera, Jesús nos está confrontando con la presente pregunta para revisar el tipo de fe que hasta ahora he tenido. En este sentido, la declaración de 2 Timoteo 2:19 se hace oportuna para vigilar nuestra edificación.
  1. La inestabilidad de edificar sin fundamentos v. 49. Creemos que el hombre que construyó sobre la roca hizo de la obediencia al Señor su más notable determinación, pero el hombre que construyó su casa sobre la tierra, o la arena, la desobediencia llegó a ser peor aliado. Jesús asoció la desobediencia con la inestabilidad de aquellos quienes construyen su vida en la “arena movediza de la vida”, cuya característica principal es la inestabilidad. Hace varios años, las noticias hicieron saber de una tremenda tragedia que ocurrió en California. Se trataba de una casa multimillonaria construida en una excelente ubicación, con una espectacular vista al Océano Pacífico. Era una casa a todo dar, con enormes y cómodas habitaciones ultramodernas. Se hablaba de una casa hecha como una personificación de puro lujo. Pero un día, esta enorme casa fue azotada por una tormenta invernal y fue succionada por el mar. ¿Cuál fue la razón de su desastre? Que la casa fue construida en un acantilado, muy cerca al océano. Este ejemplo nos habla de construir sobre sobre lo que es banal y transitorio, propenso pronto a perecer. ¿Dónde estamos construyendo? ¿Sobre la roca firme y segura, o sobre cosas temporales y vanas? Tu vida será cómo la estés construyendo.

CONCLUSIÓN: La presente pregunta nos golpea con fuerza. De hecho, es una pregunta que debe producir un gran impacto en nuestros corazones. Se ha sabido que repetir el nombre de una persona es una expresión hebrea mucha intimidad. Veamos estos ejemplos.  Cuando Abraham estuvo a punto de hundir su cuchillo en el pecho de Isaac, Dios lo llamó diciendo: “Abraham, Abraham”. Cuando Jacob en su vejez estuvo a punto de emprender su viaje a Egipto, Dios lo llamó, diciendo: “Jacob, Jacob”. Cuando Moisés iba a ver la zarza ardiente, Dios le: llamó, diciendo: “Moisés, Moisés”. Cuando Samuel dormía escuchó varias veces la voz: “Samuel, Samuel”. Cuando David supo de la muerte de su hijo gritaba en agonía, diciendo: “Absalón, Absalón”. Y el más conmovedor grito fue hecho por Jesús desde la cruz, diciendo: “Dios mío, Dios mío”. De esta manera el repetir dos veces el nombre tuvo que ver con casos de una profunda intimidad. De esta manera, cuando Jesús pregunta, “¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y luego no hacéis lo que os digo?”, es como si tratara de decirnos: “¿Por qué actúas como si fuéramos cercanos, íntimos,  pretendiendo tener una profunda relación conmigo y luego no haces lo que te digo?”

 

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Comparte

Facebook
WhatsApp

Más artículos