Cuando uno lee una historia como esta, no puede dejar de ponderar que estamos en presencia de una escena escalofriante y llena de terror al ver a un ser humano habitado por seres infernales, lo que lo convierte en un ser irracional, expuesto a la vergüenza y sin paz en su alma. Siempre he creído que esta historia sería un gran éxito de taquilla si Hollywood le diera vida en una película, especialmente por la confrontación del poder de las tinieblas frente al poder de la luz. Esta historia confirma el mesianismo profetizado y luego leído por el mismo Cristo, cuando dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para… pregonar libertad a los cautivos… a poner en libertad a los oprimidos…” (Lucas 4:18-19). El contexto de esta historia está precedido por dos acontecimientos: la predicación a una gran multitud a la orilla del mar (Marcos 4:1) y la tempestad ocurrida en la travesía hacia la otra orilla, que fue calmada por el poder de Cristo frente a unos discípulos temerosos y asombrados, hasta preguntar: “¿Quién es este, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?” (Lucas 8:25). Todo este escenario no era sino la preparación para algo aún más asombroso en la liberación de este hombre de una de las más aterradoras presencias de demonios en un solo cuerpo. Como dijo Barclay, comentando esta historia: “El lugar era peligroso, la hora era peligrosa y el hombre con quien se encontraron era peligroso”. La escena ocurrió en la región de los gadarenos, un lugar totalmente gentil, lo que corrobora el pensamiento de Lucas de que Cristo “vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). Pero es la salvación de este hombre lo que nos hace pensar cómo el poder del Señor devuelve la identidad, la dignidad y el propósito perdido en la vida de un ser humano. La pregunta “¿Cuál es tu nombre?” nos lleva a una revelación sorprendente sobre el poder de las tinieblas y el de Cristo para liberar a los cautivos. Veamos esta revelación.
I. MOSTRARNOS A UN HOMBRE CON LA IDENTIDAD PERDIDA
1. Un hombre endemoniado desde hacía mucho tiempo (v. 26). De acuerdo con la historia registrada por Marcos 5, esto sucedió al amanecer, lo que hace que la escena sea aún más aterradora. Pensemos en esto: si los discípulos ya estaban asustados por la tempestad, imagínenselos ahora en la otra orilla enfrentando a un hombre poseído por una legión de demonios, según la respuesta dada a Jesús a la pregunta “¿Cómo te llamas?”. La frase “hacía mucho tiempo” nos da una idea del tormento que este hombre había vivido. No es lo mismo tener una enfermedad por una semana y ser tratado debidamente que tener una legión de demonios viviendo en el cuerpo por tanto tiempo. Para algunos de nosotros, esta historia puede resultar extraña porque seguramente no hemos visto a un hombre en esta condición. Personalmente, he presenciado y hasta lidiado con dos muchachas poseídas por demonios, y la escena no es nada agradable. He aquí el encuentro de estos poderes. La pregunta de Jesús nos muestra a un hombre que había perdido su identidad. Observe que la respuesta dada a Jesús no fue “Pedro” o “Rafael” o “Antonio”, sino “Legión”, porque eran muchos.
2. Sin ropa, sin casa y morando en los sepulcros (v. 27). Cuando uno lee la descripción que hacen los evangelistas respecto a este hombre y su manera de vivir, la pregunta que nos hacemos es: ¿quién puede vivir en esa condición? Estamos en presencia de alguien con la identidad perdida. Se ha dicho que los demonios en la Biblia hacen por lo menos tres cosas: primero, provocan una conducta autodestructiva en la persona a la que poseen; hacen que esta persona se sienta atrapada por su condición, convirtiéndose en esclavo de eso que le posee; y, además, los demonios separan a esa persona de su familia, sus amigos y su comunidad. De esta manera, el estar sin ropa nos hace ver la pérdida de la vergüenza con la que los demonios someten a la persona. El hecho de no morar en una casa nos habla de una soledad terrible y sin esperanza. Este hombre tuvo un hogar, quizás una esposa e hijos, pero los demonios le quitaron ese privilegio, y desde hace mucho tiempo no sabe del gozo y la bendición de vivir con su familia. La habitación de este hombre era en los sepulcros, lo que ilustra hasta dónde puede llevar el dominio del pecado y la maldad. Hay hombres poseídos por adicciones cuyo primer resultado es vivir fuera de la intimidad del hogar.
3. “¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?” (v. 28). Una de las maneras en que vemos la pérdida de la identidad en una persona es con la presente pregunta. Note lo siguiente: es obvio que quien hace esta pregunta no es el hombre, sino que, dentro de esos miles de demonios (una legión era una unidad militar romana compuesta por 4.000 a 6.000 soldados), uno de ellos es quien responde y conoce muy bien a Jesús, a quien llama “Hijo del Dios Altísimo”. Le aseguro que el hombre poseído no sabía quién era Jesús. Había un jefe en esa legión, alguno de esos ángeles poderosos caídos, quien toma la palabra y habla con Jesús. Note ahora cómo los demonios reaccionan cuando se encuentran con Jesús. Hay varias reacciones: vienen a Cristo y se arrodillan, le suplican que no los atormente antes de tiempo (Mateo 8:29). Y, en efecto, antes de que ellos vayan al abismo, Jesús les dio permiso para poseer otros cuerpos, los de los cerdos, quienes al sentirlos en ellos se precipitaron en el mar y se ahogaron. Aquel hombre había perdido de tal manera su identidad que llegó a ser capaz de hacer cosas impensables, como romper las cadenas y los grillos con un poder inusual. La presencia del pecado cambia tu identidad como persona.
II. LLEVAR AL HOMBRE HACIA UNA CONCIENCIA RECUPERADA
1. Jesús hace reposar a quien antes vivía en tormentos (v. 35b). Ahora la escena ha cambiado totalmente. El poder de Jesús hizo que toda la ciudad viniera a ver al hombre atormentado, ahora sentado a sus pies. Antes de esto, este hombre era un espanto, un paria y un desposeído social. Pero ahora, el hombre que “siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras” (Marcos 5:5), Cristo ha detenido esa carrera. Por primera vez después de mucho tiempo, este hombre tiene paz. Esto es lo que Cristo hace: hay personas atormentadas y sin paz, viviendo con una pena en su alma, moviéndose de un lado a otro, pero cuando tienen un encuentro con Cristo, como lo tuvo este hombre, Jesús los sienta, los llena de paz y los pone a sus pies. No más piedras para golpearse la cabeza, no más gritos, no más cadenas. Cuando los hombres corren a Cristo, no tienen por qué seguir huyendo. Observe lo siguiente: este hombre no podía vivir en una casa, y lo único que hacían por él era ponerle un grillete y amarrarlo con cadenas, pero las reventaba y seguía su tormento. Pero el que antes veían corriendo, ahora está a los pies de Cristo. El poder de Jesús libera. Nadie sigue igual si se encuentra con Jesús.
2. Jesús viste a quien antes perdió la vergüenza (v. 35c). El hombre de esta historia andaba desnudo, lo que indica que había perdido toda noción de dignidad y respeto por sí mismo. Sin embargo, cuando se encontró con el poder liberador de Cristo, fue vestido de nuevo. Esta historia nos revela cómo el poder de Satanás puede llevar a una persona a perder toda vergüenza y dignidad, dejándola expuesta y vulnerable ante los demás. El diablo es un amo cruel que busca reducir a las personas a un estado de miseria en el que no puedan reconocer su propia condición. Hay adicciones que hacen que una persona pierda todo sentido de dignidad y autoestima para satisfacer sus deseos. Pero Jesús tiene preparado un vestido nuevo para todos aquellos que andan desnudos y sin esperanza. La sangre de Cristo tiene el poder no solo de perdonar pecados, sino de cubrir a cada persona con una nueva vida e identidad. El pecado crea vergüenza y deja expuesta la desnudez espiritual, como ocurrió con Adán y Eva en el Génesis 3. Pero Dios cubrió su desnudez sacrificando un animal, prefigurando el sacrificio de Cristo por nuestros pecados. Aunque no sabemos quién trajo el vestido para aquel hombre liberado, este vestido nuevo es una revelación de llegar a ser una nueva criatura en Cristo, hasta recuperar la conciencia perdida.
3. Jesús devuelve la razón a quienes el mal se la ha robado (v. 35d). He aquí el asunto más importante en este acto de liberación. Las cosas previas que este hombre hacía eran de alguien con una mente invadida y anulada. Simplemente había dejado de pensar racionalmente, porque otros seres habían ocupado su conciencia. Y es que alguien no podrá actuar de otra manera si su juicio y razón han quedado secuestrados por algún poder esclavizante. Hay algo que debe decirse de esta historia: en algún momento, este hombre le dio cabida al diablo a través de una mala decisión en su vida, y eso abrió la puerta de su mente para ser ocupada con la presencia de estos “invasores inmundos”. ¿Y acaso no es esto lo que hace el pecado en nuestras vidas? Hay cosas que no queremos hacer, pero las hacemos. Hay adicciones tan fuertes cuyo propósito pareciera ser doblegar nuestra mente para mantenernos cautivos de lo que aborrecemos. Pero la verdad de esta historia es la de un hombre con una razón recuperada por la intervención poderosa de Cristo. No son ni el pecado ni Satanás los dueños de nuestra mente, sino el Señor quien nos creó a su imagen y semejanza. Nada puede llenar más de gozo el alma que tener una conciencia libre del poder del pecado y de Satanás. Y nadie más puede traer nuestra conciencia recuperada sino Cristo.
III. DARLE A ESTE HOMBRE UN DESTINO JAMÁS IMAGINADO
1. Una conversión notoria para todos (v. 36). Anteriormente vimos a los hombres de la ciudad enterarse y venir para ver el milagro de un hombre transformado. Aquella debió ser la noticia más asombrosa jamás oída en medio de la ciudad. La gente sabía de un hombre a quien todos le tenían miedo, ahora sentado, vestido y en su juicio cabal. Hay algo interesante en todo esto: si bien la gente de esa región al final va a rechazar a Cristo, todos ellos fueron testigos del milagro. Ellos no podían negar la evidencia, de la misma manera que cuando Pedro y Juan fueron usados para la sanidad del paralítico, echado en la puerta del templo, y los líderes religiosos tuvieron que reconocer ese acto (Hechos 4:13-22). La noticia que andaba de boca en boca era que el hombre más temido y espantoso ahora es el más nombrado por su cambio. Y esta es la verdad del evangelio: cuando un corazón es cambiado por el poder de Cristo, esto debe ser notorio. Es verdad que hay conversiones espectaculares como esta o la de un Pablo, pero cada conversión debe ser conocida. La gente que antes nos conoció como vivíamos ahora debe ver nuestro cambio. El testimonio de una vida cambiada por el poder de Cristo es la mejor demostración para creer en el Salvador Jesucristo. Hay evidencias de conversión que exigen un veredicto.
2. El deseo de un convertido es querer estar con Cristo (v. 38). Este hombre ahora es seguidor de Cristo, es decir, un discípulo transformado. Este hombre nos deja la lección de vida de que quien es cambiado por su poder, su primer deseo debe ser estar a los pies de Cristo. Este hombre manifestó esto desde el mismo instante de su conversión (v. 35b). En la conversión de la “mujer pecadora”, Jesús pronunció la parábola del “acreedor” y el perdón de las deudas de dos hombres. Jesús dijo en esa ocasión que esa mujer amaba más porque se le había perdonado más (7:43). De igual manera, este hombre amará mucho más a Cristo que el resto de la población. Este hombre debió entender que Jesús atravesó el mar solamente para salvarlo de su terrible condición. La ironía de esta historia es que mientras este hombre le ruega a Cristo dejarlo estar con Él, el resto de la población le ruega a Cristo que se vaya de su entorno. Aprendamos de este hombre el más grande deseo de un verdadero discípulo: querer estar a los pies de Cristo para amarlo y seguirlo.
3. El misionero menos pensado para una región incrédula (v. 39). Este versículo pudiera ser el más importante de esta historia. Es verdad que los pobladores de la ciudad rechazaron a Cristo, pero no podrán rechazar la evidencia. Notemos cómo Jesús le ordena a este hombre regresar primero a los suyos, a los de su casa, y contarles cuán grandes cosas el Señor hizo con él. Este hombre estaba perdido para su familia, su hogar y quizás para sus hijos, pero ahora él regresa a ellos como un hombre nuevo y con un poderoso mensaje. Pero no solo su familia escuchó su testimonio, sino que, de acuerdo con Marcos 5:20, este hombre fue un misionero en “Decápolis” (lugar de diez ciudades), y ellos también supieron de Jesús. He aquí lo que hace el evangelio: el menos indicado para predicar fue el más usado para llevar el mensaje. Vea esto: si este hombre fundó una iglesia en cada ciudad, él pudo ser el primer misionero en establecer la obra en medio de los gentiles. Este hombre escribió con su vida y testimonio otro evangelio de esas historias desconocidas. Jesús transforma una vida para ser el mejor instrumento por el cual lleva su evangelio a otros. Lo vil de este mundo lo escogió Dios para avergonzar a los sabios.
CONCLUSIÓN: En esta historia hay tres ruegos. El primero es el de los demonios, y Cristo les complace dejando que entren en los cerdos (v. 31). El segundo ruego es el de los aldeanos rogándole a Cristo que se vaya de su lugar (v. 37). Y finalmente, tenemos el ruego del hombre liberado para irse con Jesús (v. 38). Hay tres lecciones finales de esto, y en todas ellas se resume la misión de Cristo. Jesús complació a los demonios antes de mandarlos al abismo, al poseer a los cerdos, pero eran tan malos que los cerdos prefirieron ahogarse en lugar de tenerlos con ellos. En el segundo ruego, queda claro que hay hombres con un corazón tan duro que prefieren rechazar la salvación de sus almas por la pérdida de sus negocios. Ni las evidencias les convencen. Y en el tercer ruego, Jesús no le permite al hombre libre seguirle porque sabe que su testimonio será mejor en su pueblo en lugar de seguirlo. Volviendo a la pregunta del tema “¿Cómo te llamas?”, cuántas personas hoy en día le dirían al Maestro: “Mi nombre es Alcohol porque no lo puedo dejar”; o “Mi nombre es Vicio porque me domina”; o “Mi nombre es Dolor porque mi vida parece signada por el mismo”. Y es frente a esto que Jesús actuará con todo su poder para devolverte tu identidad perdida, recuperar tu conciencia y devolverte el propósito perdido. Jesús ha hecho un viaje hasta esta “orilla” solo por amor a ti. Para Dios cada alma es importante, aunque es terriblemente perdida.
