CUANDO LA GRACIA QUEBRANTA LA NORMA 

Serie: Certidumbre en Tiempos de Incertidumbre 

Libro de Lucas  

CUANDO LA GRACIA QUEBRANTA LA NORMA 

(Lucas 13:10-17) 

Una historia como esta es digna de un buen título para un sermón, y a cualquiera le quedaría bien. Que tal estos, por ejemplo: “Desatando en el Día de Reposo”, “Cuando Jesús Ve al Invisible”, “La Mujer que se Alzó ante la Ley”, “De la Vergüenza a la Alabanza”, o “Quebrantando Cadenas en la Sinagoga”. Cualquiera de estos títulos haría justicia a aquel momento vivido por Jesús en la sinagoga. Y de todos estos, el que más capturó mi atención y se apoderó de mi corazón, fue: “Cuando la Gracia Quebranta la Norma”. Porque, en efecto, si algo se puso de manifiesto en aquel recinto pequeño de gente fue la confrontación entre la gracia y las normas de los ancianos con el asunto del “día de reposo”. Fue un careo entre la compasión y el legalismo, entre el poder de Satanás y el poder de Jesús; entre la llegada de la salvación y la continuidad en la esclavitud. Pero esta historia no es solo historia, es un espejo de nuestra propia condición. ¿Cuántos de nosotros entramos a la iglesia encorvados por alguna vergüenza, con una pena no contada, con un desánimo porque no queremos seguir adelante, o por un gran miedo en el alma de perder las bendiciones dadas? Y es aquí donde esta historia cobra vida, porque el mismo Jesús de aquel sábado en la sinagoga es quien nos sigue viendo, llamando y nos sigue liberando. Te animo a verte en este cuadro de esta humilde mujer, porque hoy puede ser tu día cuando pases “De la Vergüenza a la Alabanza”. Consideremos pues, la labor de la gracia frente a la atadura de las normas. 

  1. LA CONDICIÓN DE QUIENES VIVEN SIN LA GRACIA 
  2. Tenía dieciocho años con un espíritu de enfermedad v. 11ª. Imaginémonos el momento en aquella sinagoga donde Jesús asiste y también asiste esta mujer. Lucas nos recuerda que ella tenía 18 años con “un espíritu de enfermedad”. Aquella mujer tenía casi veinte años, incapaz de mirar a la gente a los ojos, viviendo cada día su dolor. Y allí está en la sinagoga ese sábado, probablemente participando de la misma rutina: escuchar en silencio, pasar desapercibida, y regresar en silencio. Y si todos esos años los había pasado asistiendo a la casa de Dios, su pena era mayor, porque en el lugar donde debería recibir sanidad, su presencia allí sería motivo de lástima. ¿Qué se imagina  al ver este cuadro? ¿Qué sentimientos nos despierta? ¿Nos identificamos con ella? ¿Qué representa  

para ti? A lo mejor es un cuadro de cómo nos agobian las circunstancias y el peso de la vida.  Quizás representa a la vida misma de cómo pueden verse truncados y deformados nuestros sueños.  Quizás representa a esas vidas que aun estando en la casa de Dios, siguen vacías y sin propósito,  y los años pasan sin esperanza. Este es un cuadro sombrío de una vida sin propósito.  

  1. Vivía encorvada sin poder enderezarse 11b. Sigamos contemplando el cuadro de esta mujer. Mirémosla entrar todos los sábados a la sinagoga en aquella posición de su cuerpo. Imagine su  incapacidad total para enderezarse por sí misma, subrayando no solo la dureza de su sufrimiento,  sino también su impotencia ante la situación. Era una vida marcada por la limitación, la exclusión 

y la falta de esperanza lo que hace aún más significativa la intervención compasiva de Jesús. La  Biblia no dice más nada de ella, ni nos da su nombre y su historia se nos ocultan. Sin embargo, de  las palabras de Jesús, ubicándola como una “hija de Abraham”, se podía inferir que era una  verdadera creyente. Este detalle pronto nos hace ver que la enfermedad no era una excusa para que  ella se ausentara de la casa de Dios. A pesar de sus sufrimientos y de su enfermedad acudía al lugar  donde se honraban a Dios y su Palabra, y donde el pueblo de Dios se reunía. ¡Qué enseñanza nos  deja esa mujer! ¡Cuántos de nosotros disfrutamos de buena salud, pero presentamos las más  frívolas excusas para no acudir a la iglesia! ¡Cuántos convierten el domingo en la holgazanería, en  la búsqueda del placer, o en los negocios, y no guardan el día del Señor para santificarlo!  

Aplicación: El comentarista J. C. Ryle dice esto: “Nunca olvidemos que nuestros sentimientos  hacia los días de reposo son pruebas seguras de la situación de nuestras almas. El hombre que no  encuentra placer en entregarle a Dios un día de la semana manifiesta que no es adecuado para el  Cielo. El Cielo en sí no es nada más que un día de reposo eterno. Si no podemos disfrutar de unas  cuantas horas en el culto a Dios una vez a la semana en este mundo, está claro que no podremos  disfrutar de una eternidad a su servicio en el mundo venidero”.  

  1. LA COMPASIÓN DEL POSEEDOR DE LA GRACIA 
  2. “Cuando Jesús la vio, la llamó…” v. 12ª. La presencia de Jesús en aquella sinagoga nos habla de la diligencia de Jesús al ir a la casa del Señor, en el día del Señor. ¡Cuánto amor tuvo Jesús por la casa de Dios! Así que, lo más importante de este relato es la presencia de Aquel de quien la Biblia dice que vino “lleno de gracia y de verdad”. Cuando Jesús entró en la sinagoga, vio a la mujer, y la llamó. ¡Qué momento debió ser aquel! Nada está oculto de la mirada de Jesús (Hebreos 4:13). Jesús vio a la mujer, pero también la llamó. Esa mujer no pasaba desapercibida, no porque era de una gran influencia en la congregación, sino por su deformación. Ahora vea a la mujer caminando hacia donde está Jesús. No puede verle, porque está encorvada, pero oye la más dulce voz jamás oída en estos 18 años de tormento: “Mujer, eres libre de tu enfermedad”. Aquel fue el  día cuando ella salió de la sinagoga caminando erguida. Aquel fue el día cuando ella salió alabando  

a su Dios, porque tuvo de ella misericordia. Nadie puede seguir atado a su condición si es visto y  llamado por Jesús. ¿Qué es lo que te agobia en tu vida? A lo mejor usted hoy dice: “¡Jesús! ¿Ves  lo que está pasando en mi matrimonio, en mi cuerpo, mis finanzas? ¡Dame libertad!  

  1. “Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó…” v. 12. Vuelva a imaginarse la escena. Jesús  la ve, la llama y ahora le impone sus manos. Pero, ¿cuáles manos? Las que crearon los cielos y la  tierra, y las que se abrieron en la cruz para perdonar nuestros pecados. Esas manos fueron puestas  sobre los leprosos y fueron limpiados. Fueron puestas sobre el ciego, y al instante recibió la vista.  Son las manos que bendijeron los panes y los peces donde comió aquella gran multitud. No  sabemos qué otras manos habían tocado a esa mujer en la sinagoga, pero estas son manos  compasivas, manos llenas de gracia, llenas de amor; pero sobre todo, manos llenas de sanidad para  hacer volver a esa vida sana, y ponerla de regreso a casa, alabando al Señor. Cuando Dios obra,  todo sucede al instante. En algunas campañas de “curanderos charlatanes” se aprecia como los que  “son sanos” hay que ayudarlos a levantarse, poniendo en duda el milagro. Pero aquí vemos todo  de inmediato. Al instante esta mujer se enderezó y glorificaba a Dios. Esta es una imagen de cómo  Dios salva a los pecadores. Él nos ve, nos llama, nos habla con su Palabra ( Romanos 10:17 ) y  luego nos impone sus manos, perdonando nuestros pecados e incorporándose a su familia eterna.

III. LA OBSTINACIÓN DE QUIENES RECHAZAN LA GRACIA 

  1. Seis días para ser sanados, pero no el sábado v. 14. Estas palabras, oídas del “pastor de la  iglesia” no podían ser más insólitas ante lo ocurrido. Hay en ellas una profunda amargura y un  total sarcasmo tan destacable, como detestable. Un milagro tan evidente que pudo haber  convencido al dirigente de la sinagoga de que Jesús era el Mesías, parece haber sacado toda la  corrupción de su corazón. Nadie más como él para conocer aquella “hija de Abraham” y su  condición. Él debió saludarla todos los días sábado, y la única imagen que tenía de ella era la de  una mujer enferma, encorvada, seguramente llevada por su familia, y ahora la ve erguida,  recuperada de su estatura, feliz, alabando al Señor, y esta es su reacción. Definitivamente la  obediencia a la Mischná (comentario de la ley), hizo ciego a aquella gente, y esta puede ser la  prueba mayor pues el milagro ocurrió en la casa de Dios. Dios no había prohibido totalmente  hacer nada el sábado, y la prueba es la respuesta de Jesús. Mire la propuesta de este hombre: “Hay  seis días en que se debe trabajar. Vengan esos días para ser sanados, ¡no en sábado!”. 
  2. El nombre de aquel líder fue “! hipócrita!”. Esta fue la palabra más usada por Jesús cuando vio  en esos dirigentes quienes pretendían tener gran celo, pero en realidad era por su propia dignidad  y oficio, y no para la gloria de Dios. Observen que solo en Mateo 23, Jesús los llama 7 veces  “hipócritas” porque en su celo por guardar las “tradiciones” de ley se habían olvidado de la  misericordia. Vea la contundente respuesta dada a este “hipócrita” y la justificación de la sanidad  ese día por Jesús v. 16. Ese hombre era un hipócrita porque permitió que su celo por la Ley le  impidiera comprender su verdadero significado. Su religiosidad eclipsó las virtudes esenciales de  la compasión, la bondad y la misericordia. ¡Se preocupaba más por los animales que por los seres  humanos! Si en sábado se les da agua a los animales atados, ¡cuánto más se les debería dar a las  almas atadas el Agua Viva! Este hombre no había entendido el sentido del sábado, cuando dijo:  “El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Marcos 2:27). Con esa actitud  ellos comprobaban que el hombre se había hecho para el sábado, no el sábado para el hombre.  

Ellos sí podían desatar sus animales, pero mantenían atadas a las personas, por la prohibición del  sábado. Él era un cómplice de Satanás quien había atado a esta mujer por 18 años a esa condición.  

  1. LA ADORACIÓN DE QUIENES ACEPTAN LA GRACIA 

Los avergonzados y los regocijados v. 17. Este sería el título para el final de esta historia. En  aquella mañana del sábado la casa de Dios se llenó de dos reacciones: una de vergüenza y enojo  con el líder y sus ayudantes, pues Cristo cambió la escena de dolor en alegría, y la otra de gozo  desbordante en la mujer sanada, quien “glorificó a Dios” al mismo instante. No siempre en otros  casos de sanidad las personas glorifican a Dios de inmediato, pero ella sí lo hizo, lo cual prueba  ser una mujer que amaba y adoraba a Dios, pero no había sido sanada. Para ella, venir a la casa de  Dios no era una rutina ni una molestia; era un gozo, a pesar de su condición. Pero aquel sábado,  después de 18 años cambió para siempre su vida. Ella se pudo haber devuelto igual, pero ¡regresó  a casa cantando! Esta es una de las alegrías de encontrarnos con Jesús en la adoración pública.  ¿Cuántas veces decimos “no tenía ganas de venir hoy, pero me alegro mucho de haber venido?”.  

Porque llegamos afligidos y regresamos transformados. Vinimos tristes, pero regresamos  cantando. La presencia de Jesús en el culto hace siempre la diferencia en la vida. Si entras 

“encorvado” por las cargas que te agobian, debes recordar que Jesús está aquí mirándote, y te invita  venir a Él para darte libertad, de tal manera que regreses a tu casa con el gozo de la libertad. 

CONCLUSIÓN: Se cuenta de un joven que acudía cada domingo a una iglesia, pero se sentaba  siempre al fondo y nunca participaba. Tenía una apariencia desaliñada y un pasado marcado por  errores, por lo que muchos miembros de la congregación lo miraban de reojo o evitaban saludarle.  Un día entró, como siempre, y el pastor interrumpió el servicio al notar su presencia: bajó del  púlpito, se acercó, le estrechó la mano y le invitó a sentarse en la primera fila. La mayoría quedó  sorprendida, pues nunca se había hecho algo así en medio del culto. El pastor no predicó más  porque aquel fue su sermón. La mujer de esta historia conmovió el corazón de Cristo, porque la  vio, la llamó y la sanó. Sin embargo, el corazón del principal de la sinagoga se enojó porque esto  fue hecho el sábado. Con esto quedó comprobado que la ley no puede estar por encima de la gracia.  Y con esto se comprueba que: “La gracia no pregunta por tus antecedentes, ni se detiene en las  apariencias. La gracia de Jesús rompe barreras y normas humanas para restaurar corazones.” Este  milagro sucedió en la casa de Dios, y hoy se puede repetir en tu vida si oyes su voz y vienes a Él.

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