Libro de Juan
Rev. Julio Ruiz, pastor
pastorjulioruiz55@gmail.com

Y sé que su mandamiento es vida eterna

“Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12:44-50).

En la parte final de Juan 12, Jesús nos enseña que creer en Él equivale a creer en Dios Padre, quien lo ha enviado. Se presenta como la luz que ha venido al mundo para que nadie permanezca en la oscuridad. Su propósito actual no es juzgar, sino salvar a la humanidad; sin embargo, al final de los tiempos, sí ejercerá el juicio (Mateo 25:31-46). Aquellos que rechazan sus palabras serán juzgados por ellas en el día final. En los juicios finales, la Palabra tendrá su real lugar.

“Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió”. Aquí, Jesús afirma que creer en Él es, en realidad, creer en Dios Padre, quien lo ha enviado al mundo. De este modo, la fe en Cristo no se limita solo a su persona, sino que conduce a una relación directa con el Padre. Jesús se presenta como el mediador entre Dios y la humanidad, y su mensaje enfatiza la unidad entre Él y el Padre. Por tanto, rechazar a Jesús es rechazar al mismo Dios que lo ha enviado.

“Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas”. Jesús se describe a sí mismo como la “luz” que ilumina la vida de las personas y disipa la oscuridad espiritual. Su venida al mundo tiene como objetivo guiar a quienes creen en Él hacia la verdad y la salvación. Las “tinieblas” representan el pecado, la ignorancia y la separación de Dios. Así, creer en Él significa abandonar la oscuridad y vivir bajo la luz que Dios ofrece.

J. C. Ryle, hablando de Jesús y su conexión con el Padre, dice: “En su naturaleza divina era esencialmente uno con el Padre; y al verle a Él, los hombres veían al Padre que le había enviado. Esto es un gran misterio, pero es una verdad de inmensa importancia para nuestras almas. Aquel que deposita sus pecados en Jesucristo por fe construye sobre roca. Al creer en Cristo, no solo cree en Él, sino también en Aquel que le envió” (Meditaciones Sobre Los Evangelios: Juan, ed. Elena Flores Sanz, trans. David Cánovas Williams, vol. 2 (Moral de Calatrava, España: Editorial Peregrino, 2004–

“Al que oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo…”. En estas palabras, Jesús deja claro que su propósito presente no es condenar, sino brindar salvación. Ofrece a todos la posibilidad de escuchar su mensaje y tomar una decisión libremente. No juzga de inmediato a quien no le sigue, lo que evidencia su profunda misericordia. Su objetivo primordial es rescatar a la humanidad, no castigarla. Más adelante, será Él quien ejerza el juicio; pero ahora, actúa como Salvador.

“El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue…”. Jesús advierte que, aunque ahora no juzga, llegará un momento de juicio final. Quienes rechacen su mensaje serán juzgados por las mismas palabras que oyeron y no aceptaron. Sus enseñanzas tienen valor eterno y serán el criterio de evaluación en el “día postrero”. Esto resalta la responsabilidad personal ante el evangelio. Ignorar o rechazar la palabra de Jesús tiene consecuencias definitivas y eternas.

“Porque yo no he hablado por mi propia cuenta…”. Jesús enfatiza que todo lo que enseña proviene directamente de Dios Padre. No habla por iniciativa propia ni según sus propios deseos. Es obediente al mandato divino y transmite fielmente el mensaje recibido. Esto garantiza que sus palabras tienen autoridad y veracidad absolutas. Escuchar a Jesús es escuchar al mismo Dios.

“Y sé que su mandamiento es vida eterna”. Jesús reconoce que el mandato de Dios tiene como fin dar vida eterna a quienes lo aceptan. Su mensaje no es solo una instrucción moral, sino una promesa de salvación y vida sin fin. Obedecer a Dios conduce a la plenitud y a la comunión eterna con Él. La vida eterna es el mayor regalo ofrecido a la humanidad. Por eso, lo que Jesús comunica es vital para el destino de cada persona.

J. C. Ryle, comentado otra vez este texto, dijo: “Recordemos que la santa osadía de este último versículo debiera ser un patrón para todo ministro y predicador del Evangelio. Tales hombres debieran poder decir confiadamente: “Sé, y estoy persuadido de ello, que el mensaje que traigo es vida eterna para todos los que creen en él; y que al decir lo que digo no digo más que lo que Dios me ha mostrado en su Palabra”.

“Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho”. Jesús concluye reafirmando que todo lo que enseña proviene de Dios Padre. No hay diferencia entre su mensaje y el querer de Dios. Actúa con total fidelidad a la voluntad divina. Esto otorga una autoridad suprema a sus palabras. Por tanto, aceptar las enseñanzas de Jesús es aceptar la revelación directa de Dios.

En la aplicación de este texto es bueno decir que la fe en Jesús nos conecta directamente con Dios Padre, llevándonos a vivir bajo Su luz y alejándonos de la oscuridad. Por otro lado, debemos valorar cada palabra de Cristo, porque ellas servirán para el juicio final. Con esto afirmamos que, cada día es una oportunidad para responder al compromiso de este mensaje.

“Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho”. Jesús concluye reafirmando que todo lo que enseña procede de Dios Padre. No existe diferencia alguna entre su mensaje y la voluntad divina. Él actúa con plena fidelidad a lo que Dios desea, lo que confiere autoridad absoluta a sus palabras. Por tanto, aceptar las enseñanzas de Jesús es aceptar la revelación directa de Dios. Las palabras de Jesús son exactamente las palabras de su Padre, ni más ni menos.

En la aplicación de este texto, conviene destacar que la fe en Jesús nos vincula directamente con Dios Padre, permitiéndonos vivir bajo Su luz y alejándonos de la oscuridad. Asimismo, debemos valorar cada palabra de Cristo, pues ellas serán el criterio en el juicio final. Por ello, cada día es una oportunidad para responder al compromiso que este mensaje nos plantea.

¿Qué significa para nuestra fe, y el trabajo que hacemos, la afirmación de Jesús que sus palabras son las mismas del Padre, y que esa Palabra será la que juzgará al final de los tiempos?