Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa
“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (Juan 19:25-27).
Este pasaje nos muestra la honra que el hijo le da a la madre. Es una escena llena de la más grande demostración de amor y responsabilidad de Jesús quien aun estando en la cruz hizo provisión para el cuidado de su madre a uno de sus más cercanos y amados discípulos. El mensaje revelador de este texto es que el amor cristiano debe expresarse en cuidado práctico, incluso en medio del sufrimiento. Con esto Jesús cumplió el gran mandamiento de honrar a sus padres.
“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre… y María Magdalena.” Este versículo muestra la fidelidad y valentía de estas mujeres que permanecieron cerca de Jesús en su momento de mayor sufrimiento. Mientras la mayoría de los discípulos habían huido, ellas permanecieron firmes junto a la cruz. También revela el profundo amor y dolor de una madre que ve morir a su hijo.. La escena también subraya el testimonio fiel de quienes presenciaron la crucifixión.
James Bartley comenta este texto así: “Todos los comentaristas toman nota de que, aun en su momento de profunda angustia física, Jesús tuvo el cuidado de proveer para su madre (v. 26). Aparentemente José había muerto y Jesús sabía que su madre experimentaría gran soledad y tristeza después de su muerte” (Comentario Bı́blico Mundo Hispano: Juan, 1. ed. (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2004), 386–387.
“Mujer, he ahí tu hijo.” Jesús se dirige a su madre con respeto y ternura, pero no usando “madre”, sino “mujer”, una forma respetuosa en ese contexto. Con estas palabras entrega a María al cuidado del discípulo amado. Aun en la cruz, Jesús cumple el mandamiento de honrar a su madre. También muestra su humanidad y compasión en medio del dolor. Teológicamente, algunos ven aquí el inicio de una nueva familia espiritual entre los creyentes.
“He ahí tu madre.” Jesús le habla al discípulo amado (tradicionalmente identificado como Juan el apóstol) y le encomienda el cuidado de María. Esto establece una relación de responsabilidad y cuidado filial. Cristo está formando una comunidad donde los creyentes se cuidan unos a otros como familia. También demuestra la confianza de Jesús en este discípulo. He aquí una instrucción sobre el compromiso hacia los demás. Jesús aun desde la cruz siguió enseñando.
“Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.” No tenemos detalles de cómo Juan cuidó de María, pero seguramente este encargo de Jesús lo cumplió debidamente. No fue solo una palabra simbólica, sino una acción concreta de cuidado. La frase resalta que la fe verdadera se manifiesta en hechos. También muestra cómo la comunidad cristiana, ahora vista en la iglesia, se convierte en una familia real donde se suplen las necesidades de los demás.
C. Ryle comentó: “Nadie podía preocuparse tanto por la madre de Jesús como el discípulo a quien amaba Jesús y que se recostó en su regazo durante la Última Cena. No había ningún hogar tan idóneo para María como el hogar de quien, según la teoría anteriormente mencionada, era hijo de su propia hermana Salomé” (Meditaciones Sobre Los Evangelios: Juan, ed. Elena Flores Sanz, trans. David Cánovas Williams, vol. 3 (Moral de Calatrava, España: Editorial Peregrino, 2004–2005), 369.
Honrar y cuidar a nuestra madre es una responsabilidad que no debe olvidarse, incluso en momentos difíciles. El creyente demuestra su fe también en la manera en que ama y protege a su familia. El amor filial es una expresión práctica de obediencia a Dios, y Jesús es nuestro modelo.
¿Qué nos enseña el cuidado de Jesucristo por su madre quien aun desde la cruz dio instrucciones para d amar y cuidar a nuestra familia?
