Yo soy; no temáis

# 31

“Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba.  Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo.  Mas él les dijo: Yo soy; no temáis.  Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban” (Juan 6:16-21).

Ver a Jesús caminando sobre las aguas, rompiendo las leyes de la naturaleza, demuestra, además de su soberanía sobre lo creado, que Él es el Hijo de Dios. El momento debió de ser único para los discípulos, porque si ya tenían miedo por el viento fuerte que azotaba, ahora se sumaba el ver a Jesús (como un fantasma) viniendo hacia ellos sobre las aguas. Pero cuando supieron que era Él y escucharon sus palabras, lo invitaron a subir a la barca, disipándose así el temor que sentían.

“Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca”. Esta frase indica el inicio de una travesía en la que los discípulos se enfrentan a la oscuridad y a la incertidumbre. Realizarla de noche simboliza esos momentos de la vida en los que nos embarcamos en situaciones desconocidas y sin la compañía visible de Jesús. El mar siempre ha representado los grandes desafíos por su poder y misterio, mientras que la noche trae dudas y temores a la vida.

“Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos”. La escena era realmente dramática. Una vez más, la oscuridad reflejaba la ausencia de seguridad y luz, y la espera de Jesús acrecentaba aún más la ansiedad y el temor de no tenerle presente en ese aciago momento de la noche. Es un recordatorio de que, en muchas ocasiones, la fe se pone a prueba cuando parece que Dios está lejos o no responde de inmediato. Nada provoca más temor que sentirse abandonado por el Señor.

 “Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba”. En aquella embarcación iban diestros pescadores, pero cuando se levanta un fuerte viento en el mar, la experiencia y la pericia no sirven de mucho. Un mar agitado por un fuerte viento es una invitación a la angustia y el temor a morir. Esta travesía representa las pruebas repentinas que nos sobrevienen, poniendo a prueba nuestra confianza y nuestra capacidad de mantener la calma en medio de la tormenta.

“Vieron a Jesús que andaba sobre el mar…”. Los discípulos, al ver a Jesús desafiando las leyes naturales, sintieron temor porque no comprendían del todo quién era Él. Muchas veces, lo desconocido o lo sobrenatural nos asusta, aunque provenga de parte de Dios, ya que supera nuestra lógica y expectativas humanas.

 “Mas él les dijo: Yo soy; no temáis”. Aquella voz, tan conocida para los discípulos, debió llenarles de profundo gozo y seguridad. Al decir “Yo soy”, Jesús estaba revelando su identidad divina, recordando que Él es el mismo Dios revelado en el Antiguo Testamento, mostrando su autoridad y cercanía. Aquella fue una invitación a sus discípulos para confiar y dejar de lado el miedo, asegurando que su presencia es suficiente para vencer cualquier adversidad.

William Hendriksen, citando a Mateo 14:23, 24, dice: “Aun cuando la tempestad rugía furiosa, y las tinieblas envolvían al pequeño grupo, en realidad estaban totalmente seguros, pues en el monte el Señor intercedía por ellos. Aquí tenemos, verdaderamente, una hermosa imagen con muchas aplicaciones en nuestro tiempo” (Comentario Al Nuevo Testamento: El Evangelio Según San Juan (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 1981), 239.

 “Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca”. La parte final del texto señala que llegaron “en seguida a la tierra adonde iban”, como para indicarnos que cuando Cristo está presente en nuestra “barca”, calma los temores y hace que la travesía sea segura y rápida. Así, al recibir a Jesús, los discípulos experimentaron paz, pues eso es lo que produce su presencia. Invitar a Cristo a subir a nuestra “barca” llena la vida de consuelo y esperanza.

¿Qué significó para los discípulos en aquellos momentos de angustia por el viento fuerte que azotaba su embarcación escuchar las palabras “Yo soy; no temáis?” 

 

 

 

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