Estudio # 11
La pregunta de Moisés por el Nombre de Dios es decisiva en su llamamiento como el futuro libertador de Israel. En un contexto de opresión e incertidumbre, Israel necesita saber quién es el Dios que promete liberación. Así pues, la respuesta divina (“YO SOY”) no es solo un dato, sino revelación del carácter de Dios: eterno, fiel y presente. Al darse esto, el Nombre se convierte en fundamento de fe y en memoria “de generación en generación”. Nadie, sido Dios es el YO SOY.
“Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?” v. 13. Cuando Moisés hace esta pregunta no es curiosidad vacía; es necesidad de certeza. De este modo, la pregunta anticipa también la pregunta que el pueblo haría. Israel necesitaba más que una promesa; necesita conocer la identidad del Dios que promete. En el pensamiento antiguo, el “nombre” no era una etiqueta neutra, sino una ventana al carácter y a la autoridad. La pregunta Moisés busca asegurar la manera cómo él hablará ante un pueblo herido y desconfiado. Así, el v. 13 muestra que la fe se sostiene cuando el pueblo sabe quién es Dios, no solo lo que Dios hará.
Nota breve: en el mundo bíblico, el “nombre” no se reducía a una etiqueta personal; expresaba identidad, carácter y autoridad. Por eso, preguntar por el nombre de Dios en Éxodo 3 no es pedir un dato informativo, sino buscar la certeza de quién es el Dios que promete actuar.
La respuesta de “Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY” v. 14 afirma que Dios es el Ser que existe por sí mismo, libre de toda dependencia y fiel a su propia palabra. Lo interesante de esta revelación del Nombre es que en lugar de definir a Dios por una función (“dios de…”), el Señor se revela por su realidad: Él “es”. Esta solemne declaración nos dice que el Nombre no es solo información, sino garantía par Moisés, pues Dios no cambiará con las circunstancias de Egipto. La fórmula “YO SOY me envió” convierte el Nombre en el mensaje que sostendrá la misión.
El Cambridge Bible (S. R. Driver) señala que la respuesta “YO SOY EL QUE SOY” (Éx 3:14) no pretende satisfacer una curiosidad especulativa, sino afirmar la realidad y constancia del Dios que llama: el Señor es el Dios vivo, presente y fiel, y su ser no depende de nada fuera de sí.
Driver observa que, en el contexto del llamado, el Nombre funciona como fundamento para la confianza de Israel: el Dios que promete liberación es el mismo que permanece inmutable y que estará con su pueblo en el proceso. Fuente: S. R. Driver, The Cambridge Bible for Schools and Colleges: Exodus, notas a Éxodo 3:13–15 (BibleHub; traducción propia).
“Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos” v. 15. Dios une el Nombre con la historia del pacto: “Jehová… el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. En esto vemos cómo el Señor asegura continuidad: el Dios que llamó a los patriarcas es el mismo que ahora actúa para redimir. Pero no solo es la revelación de lo anterior, sino que este texto presenta el Nombre como “memorial” perpetuo, es decir, como base para la adoración y la transmisión de la fe “de generación en generación”. En un contexto de esclavitud, este versículo enseña que la identidad del pueblo se preserva recordando quién es su Dios “por todos los siglos”.
Observaciones exegéticas de este texto a los nombres hebreos “Ehyeh / YHWH”
“Ehyeh” (אֶהְיֶה): “Yo soy / Yo seré”. En Éxodo 3:14, Dios responde con la forma verbal “Ehyeh”, que puede expresar tanto realidad presente (“Yo soy”) como presencia fiel en el futuro (“Yo seré/estaré”). Esto significa que el Dios que existe por sí mismo también será el Dios que acompaña y sostendrá a su pueblo y a su mensajero en el proceso de liberación.
“YHWH” (יהוה): el Nombre del pacto. En el v. 15, Dios utiliza el Nombre por el cual será recordado en la historia de Israel: “Jehová/YHWH”. Aunque su etimología es debatida en detalles, el texto lo vincula claramente con el Dios de los patriarcas y su inmutable por siempre. Así, el paso de “Ehyeh me envió” (v. 14) a “YHWH… el Dios de vuestros padres” (v. 15) promete estar con Moisés como el mismo Señor, guiando a su pueblo desde Génesis.
“Memorial” (זִכָּרוֹן): el Nombre para recordar y adorar. Cuando Dios afirma que este será su “memorial de generación en generación” (v. 15), indica que el Nombre debe ser confesado, recordado y transmitido como base de identidad y adoración. En un pueblo propenso al olvido, el Nombre funciona como ancla: no solo informa quién es Dios, sino que preserva la fe en el Dios verdadero en medio de la opresión y del paso del tiempo.
Verdades teológicas
1. Dios se revela: su nombre comunica su ser y su fidelidad.
2. La base de la esperanza no es el poder humano, sino el Dios eterno: “YO SOY”.
3. El nombre del Señor preserva la memoria de la fe: es para adoración “de generación en generación”.
4. El Dios del Éxodo es el mismo Dios del pacto con los patriarcas: continuidad de revelación e historia.
Preguntas para nuestra reflexión
¿Por qué el pueblo necesita conocer el nombre de Dios antes de ver la liberación?
¿Qué representa para nuestra fe la declaración de Dios como el “YO SOY EL QUE SOY”?
¿Cómo podíamos cultivar una memoria de Dios “de generación en generación” hoy día?
Aplicación para nuestra vida espiritual
Cuando todo cambia, Dios permanece. Su nombre nos recuerda que Él es fiel, libre y suficiente para cumplir lo que promete. Aférrate al “YO SOY” cuando tu corazón se sienta débil: la estabilidad de tu fe descansa en la estabilidad de Dios. Jesús se manifestará de esta manera, diciendo: “Yo soy el camino”, “Yo soy la resurrección” o “Yo soy la vid verdadera” …
La oración para hacer en el día de hoy
Señor, graba tu nombre en nuestro corazón para que no olvidemos quién eres. Sustenta nuestra fe con tu constancia y tu fidelidad. Que tu revelación produzca adoración y obediencia en nosotros. Amén.
