Hoy, nuestra lectura proviene del Evangelio de Lucas, capítulo 1, versículos 39-56. Este pasaje nos habla del encuentro entre María y su prima Elisabet. María, a quien el ángel Gabriel acaba de decirle que concebirá y dará a luz al Hijo de Dios, va a visitar a Elisabet, que también está milagrosamente embarazada de Juan el Bautista.A la llegada de María, el bebé saltó en el vientre de Elisabet, y ella fue llena del Espíritu Santo. En respuesta, ella exclamó: “¡Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!” María responde entonces con un hermoso canto de alabanza que comienza diciendo: “Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador…”En este pasaje, vemos la profunda fe y humildad de María, así como su comprensión de la importancia del niño que lleva en su vientre. Sus palabras revelan su confianza en Dios y su disposición a servirle de todo corazón. Al reflexionar sobre este pasaje, consideremos las lecciones que podemos aprender de la respuesta de María al llamado de Dios. Al igual que María, estamos llamados a confiar en el plan de Dios para nuestras vidas, incluso cuando pueda parecer difícil o imposible. Estamos llamados a regocijarnos en la fidelidad de Dios y a magnificar su nombre a través de nuestras palabras y acciones.
- La Bendición de Creer en El Señor Aumenta nuestra Fe
Lucas 1: 39-41
-Creemos en el Señor y nuestra fe aumente en la medida que experimentamos su presencia en nuestras vidas.
Elisabet pasó toda su vida siendo preparada por Dios para ser la madre de Juan el Bautista, y ni siquiera lo sabía. Había sido educada en el seno de una familia sacerdotal, era una mujer justa y piadosa y a pesar de eso, no pudo tener hijos. La esterilidad era la peor tragedia que le podía pasar a una mujer y a su familia. Las garantías de que Zacarías y Elisabet eran personas “justas” se hicieron en parte porque, bueno, eran estériles. Y no importa lo amable que alguien pueda parecer, sus amigos y familiares pensaban: “Tienes que preguntarte por ellos. Si eran tan buenos, ¿por qué Dios había permitido que les sucediera algo tan terrible? Durante años, ella y Zacarías habían orado para que el Señor les diera un hijo. Durante la misma cantidad de años, su oración quedó sin respuesta. Y tal vez, como muchos de nosotros, una vez que ya no pudieron ver ninguna forma natural de que sus oraciones pudieran ser contestadas, es decir, cuando se hicieron demasiado mayores para tener hijos, probablemente dejaron de orar por esa bendición. Después de todo, si Dios no hubiera considerado oportuno darles hijos cuando sus cuerpos eran jóvenes y fuertes, no esperarían que Él respondiera a sus oraciones ahora, en su vejez.
Elisabet experimentó una vida de lucha sobre su esterilidad. En una cultura en la que el único propósito real en la vida de una mujer era tener y criar hijos, ¿de qué servía una mujer como Elisabet? Ella debe haberse preguntado: “¿Qué me pasa? ¿Por qué Dios me está castigando?” Y luego, mucho después de que su cuerpo fuera capaz de concebir de forma natural, se quedó embarazada milagrosamente, no exactamente como María, pero sí un milagro. Lo que era imposible en el reino natural solo era posible a través de Dios.
Es emocionante para nosotros ver a Dios obrar sobrenaturalmente en otra persona:
¿No es eso algo: Elisabet y Zacarías teniendo un bebé a su edad?
La misma palabra “estéril” trae imágenes de desiertos y de árboles frutales sin frutos. Improductiva, vacía, desolada, todos sinónimos de su condición. Esa era la imagen que Elisabet tenía de su vida y entonces, milagrosamente, todo eso había quedado atrás. Después de una vida de vergüenza, una vida de esperanzas frustradas iba a ser madre. Ella sabía lo que las madres más jóvenes no sabían: que este bebé tenía muy poco que ver con ella y su esposo, y todo que ver con el poder de Dios. Dios estaba haciendo algo mucho más grande de lo que podía hacer una viejita en las colinas de Judea. Ningún ángel tuvo que decirle a Elisabet lo que acababa de decirle a María: “Para Dios todas las cosas son posibles”. Habiendo visto el poder milagroso de Dios en su propia vida, Elisabet comenzó a ver todo a través de los ojos de una fe renovada.
- La Bendición de Creer en El Señor Moldea nuestro Carácter
Lucas 1:42-45
“La criatura saltó en su vientre” (v. 41). Todavía en el vientre, Juan es llenado del Espíritu Santo (1:15), y comienza su obra, preparando el camino del Señor (1:17, 76; 3:4).
Para el evangelio de Lucas la acción del Espíritu Santo no comienza a partir de Pentecostés. Tal vez esta es una idea que tenemos prefijada en nuestra comprensión, la de que el Espíritu Santo es una donación luego de la partida de Jesús. Si bien en la Trinidad están presentes el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es común que sólo atribuyamos al Espíritu Santo acciones que son posteriores a Pentecostés. Sin embargo, hay que notar que este texto dice que el Espíritu Santo llena a Elisabet (v. 41). Con esto estamos diciendo varias cosas: que es una mujer la que recibe el Espíritu Santo, que la recepción sucede incluso antes del nacimiento de Jesús, y que se da en el encuentro con María.
“Bendito el fruto de tu vientre” (v. 42). Éstas fueron las palabras de Moisés a los israelitas – la bendición, en ese caso, dependía de su obediencia a Dios (Deut. 28:4). María es obediente (1:38), y su bendición, como su bebé, crece de esa obediencia. “La madre de mi Señor” (v. 43). El bebé es la fuente de la bendición de María. Ella será la madre del Señor. María respondió al anuncio de Gabriel con fe, pero Dios sabía que probablemente vendrían un millón de preguntas y dudas una vez que no tuviera un ángel parado frente a ella.
¿A quién, en todo el mundo, podría acudir esta joven adolescente? ¿Quién podría entenderlo? ¿Quién le creería cuando se lo dijera? Fue entonces cuando pensó: “¡Elisabet! ¡Por supuesto!”
¿Quién en todo el mundo podría aceptar la loca historia de María mejor que Elisabet, que tenía su propia historia loca?
Es difícil, incluso entre los creyentes, encontrar a alguien que realmente crea que Dios está haciendo grandes cosas. María necesitaba a alguien que supiera de milagros.
¿Cuántas veces durante su viaje crees que María practicó cómo le contaría a Elisabet lo que había sucedido? ¡Imagínese lo que significó para María cuando Elisabet supo inmediatamente que llevaba al Señor en su vientre! María no tuvo que decir una palabra. ¡Elisabet afirmó que lo que María había experimentado era verdad! Elisabet vio con los ojos de la fe y afirmó la obra de Dios en María.
Elisabet extendió amor, aceptación, hospitalidad, esperanza y fe a una joven que necesitaba todo lo que podía ofrecer. Elisabet está diciendo: “María, cuando te aferras a las promesas de Dios y crees en ellas, ¡hay un gozo que te va a sostener a través de esto!” Elisabet no hablaba de manera abstracta, sino sobre la base de su propia experiencia. Ella está diciendo: Sé cómo te puedes sentir. Sé que va a haber tiempos difíciles. Pero cuando confías en Él, cuando tomas la palabra de Dios, cuando pones todas tus preocupaciones en Él, ¡vas a tener GOZO! No te estoy contando cuentos, María, porque yo lo he experimentado.
- La Bendición de Creer en El Señor Produce un Corazón Agradecido.Lucas 1: 45-55
“Y bienaventurada (griego: makaria) la que creyó” (v. 45). El creer de María le trae bendición. La palabra griega utilizada para bendición es la misma que se utiliza en las Bienventuranzas(6:20-22) – una palabra que implica bendición basada en una relación correcta con Dios. María creyó, comparado con Zacarías que no creyó y, por lo tanto, se quedó mudo “hasta el día que esto sea hecho” (1:20). Durante su embarazo, Elisabet, ha vivido con un hombre que, por su incredulidad, no ha podido hablar. Ahora ella le recibe a María que, si creyó y, por lo tanto, es capaz de cantar una canción alegre.
La canción de María es conocida como la “Magnificat” por la primera palabra de la traducción latina de este versículo. Los paralelos que tienen la canción de Ana (1 Sam. 2:1-10) son bastante fuertes. La canción de Ana empezó, “Mi corazón se regocija en Jehová, mi poder se exalta en Jehová.” Ella habló de las inversas: “Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los débiles se ciñeron de poder” y “levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso.” En sus versículos finales, ella celebraba el hecho de que el Señor “guarda los pies de sus santos… y dará poder a su Rey.” La canción de María sigue un esquema parecido.
“Ha mirado á la bajeza de su criada” (v. 48). María es humilde en dos sentidos. Primero, tiene un espíritu humilde que se levanta, listo para responder a la llamada de Dios sin reservaciones (1:38). Segundo, ocupa un puesto humilde en la vida – una mujer en una sociedad patriarcal – una persona joven en una sociedad que venera la edad. Su hijo nacerá en este puesto humilde. Su primer hogar será un establo – su primera cuna un pesebre. De hombre, dirá de si mismo, “Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza” (9:58).
“Porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre” (vv. 48-49). Reyes y presidentes luchan por ser recordados bien, pero Dios alargó su mano a esta simple niña y la elevó a un lugar de grandeza. Ha puesto sobre ella un honor que no buscaba y un privilegio que nunca podría merecer. “Santo es su nombre” (v. 49).
En v. 51, la visión de María se amplía de sus propias bendiciones, hasta las bendiciones dadas a Israel (v. 54) y a “Abraham y á su simiente para siempre” (v. 55). María celebra las inversas de Dios. “Esparció a los soberbios” (v. 51). “Quitó los poderosos de los tronos, y levantó á los humildes” (v. 52). “A los hambrientos hinchó de bienes; Y á los ricos envió vacíos” (v. 53). “Recibió á Israel su siervo” (v. 54). La selección de Dios para escoger a María como madre del Señor sirve de prueba de que estas inversiones ya han empezado. De hecho, empezaron muchos años antes cuando Dios escogió a Abraham.
Raras veces nos quedamos sin comer. Nosotros podemos ser los que estamos en peligro de caer de nuestros puestos cómodos. Si somos sensibles a las necesidades de los pobres, los humildes, los desplazados, los distanciados, y al prisionero, quizá, podamos escapar del juicio de este texto.
A lo largo de la canción de María, ella describe las actividades de Dios en el tiempo pasado. “Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso” (v. 49). “Hizo valentía con su brazo” (v. 51). “Quitó los poderosos de los tronos” (v. 52). “A los hambrientos hinchó de bienes” (v. 53). “Recibió á Israel su siervo” (v. 54). Podemos atribuir su uso del tiempo pasado, en parte, al hecho de que ella está recordando siglos de la relación de Dios con Israel. Sin embargo, el uso de María del tiempo pasado también demuestra su confianza en que la promesa de Dios es verdadera.
Todavía no es la madre del niño que será grande y que será llamado el Hijo del Altísimo (1:32), pero Dios lo ha prometido y ella cree en la promesa.
Recordemos también el mensaje de humildad y servicio que María ejemplifica. Ella acepta de buena gana el papel que Dios le ha dado, sabiendo que es parte del plan divino de Dios para la salvación del mundo. También nosotros estamos llamados a servir a Dios y a los demás con humildad y disponibilidad, dejando de lado nuestros propios deseos y ambiciones para cumplir la voluntad de Dios.Por último, tomemos en serio el mensaje de esperanza y alegría que se encuentra en el canto de María. Incluso en medio de circunstancias difíciles, el espíritu de María se regocija en Dios su Salvador. Esto nos recuerda que, independientemente de los desafíos que enfrentemos, podemos encontrar esperanza y gozo en el Señor.
Conclusión:
Hermanos, sigamos el ejemplo de fe, humildad y gozo de María y Elisabet, y busquemos imitar estas cualidades en nuestras propias vidas mientras nos esforzamos por cumplir el propósito de Dios para nosotros.
