Entonces entró también el otro discípulo… y vio, y creyó # 124

 

 “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.  Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.  Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.  Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.  Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.  Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.  Y volvieron los discípulos a los suyos.” (Juan 20:1-10).

 

Con este pasaje llegamos al momento cumbre de la historia de nuestra salvación: la resurrección de Cristo. María Magdalena fue la encargada de dar a conocer la noticia, ¡y qué noticia! Juan narra este pasaje como protagonista por ser el “discípulo amado”. En este pasaje podemos ver lo que podemos llamar “la carrera de la resurrección”. Al final, este la resurrección pone fuera al temor, y el acto de ver corriendo a estos discípulos evidencia el crecimiento de su fe.

 

“María Magdalena fue de mañana… y vio quitada la piedra del sepulcro.”. Este versículo marca el comienzo de una nueva creación: ocurre en el primer día, que evoca Génesis y anuncia una obra totalmente nueva de Dios. La oscuridad describe tanto la hora literal como la confusión espiritual de María. La piedra fue quitada, no para que Jesús saliera, sino para que los discípulos pudieran ver. La resurrección sucede sin testigos, pero deja evidencias a la vista. La tumba vacía es el mejor testigo de que Él vive. La única tumba vacía, sin huesos hasta, es la de Jesús.

 

“Entonces corrió… y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor…” La reacción de María muestra amor, pero también incomprensión del acontecimiento. Ella interpreta el sepulcro vacío desde la lógica humana, no desde la fe. Nadie podía creer este hecho.  El uso del plural “no sabemos” indica confusión colectiva. Todavía no hay resurrección en su pensamiento, sino pérdida. Esto revela que la fe en la resurrección fue un proceso, no instantánea.

 

Alberto T. Platt dice: “Es fácil de entender la devoción que esa mujer tenía por Señor. Las Escrituras dicen que es la misma de quien Cristo había sacado siete demonios, por lo que su gratitud era inmensa. Estuvo presente ante la cruz con otros amigos fieles. Aunque acompañada por otras mujeres (Lucas 24:1), Juan indica que ella fue la primera en llegar a la tumba “el primer día de la semana… siendo aún oscuro…” (20:1)” (Estudios Bı́blicos ELA: Para Que Creáis (Juan) (Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C., 1995), 144.

“… pero el otro discípulo corrió más aprisa…” La carrera expresa urgencia y deseo de comprobar la verdad. El discípulo amado llega primero, reflejando sensibilidad espiritual. Pedro llega después, pero tendrá un papel clave en la interpretación. Ambos representan diferentes temperamentos dentro del discipulado. La fe cristiana avanza cuando se busca la verdad con diligencia. La carrera de estos discípulos debió ser de gozo, asombro y de incredulidad.

 

“Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.” El discípulo amado observa con respeto y prudencia. Ve señales claras, pero aún no actúa completamente. Los lienzos indican orden, no robo ni profanación. La fe a veces comienza con observación antes de convicción plena. Hay reverencia ante lo que Dios ha hecho, aunque no se comprenda todo. Los ojos de estos discípulos van cambiando de la incredulidad a la más grande evidencia que ahora Él vive.

 “… y vio los lienzos… y el sudario… enrollado en un lugar aparte.” Pedro entra sin vacilar, fiel a su carácter impulsivo. El sudario doblado muestra intención y control, no huida apresurada. La escena niega totalmente la teoría del robo del cuerpo, pues sería una contradicción imaginarse a un cuerpo robado sin la ropa. Todo está en orden porque la resurrección fue un acto soberano. La tumba vacía proclama victoria, no caos. Sin embargo, Pedro no cree todavía (Lucas 24:12).

 

“Entonces entró también el otro discípulo… y vio, y creyó.” Aquí ocurre el primer acto explícito de fe en la resurrección. No se menciona una aparición, solo la evidencia. La fe nace al contemplar lo que Dios ha hecho. Creer precede a entender completamente las Escrituras.
Este momento marca el nacimiento de la fe pascual cristiana. Este acto de creer de parte de Juan cambiará totalmente su enfoque de Jesús y lo hará el más grande objeto de su teología.

 

“Y volvieron los discípulos a los suyos.” El regreso indica que la fe aún está en proceso de maduración. No salen a predicar todavía; eso vendrá después. La resurrección necesita ser asimilada antes de ser proclamada. Dios respeta los tiempos del crecimiento espiritual.
La transformación profunda comienza en silencio antes del testimonio público. Pero el acto de regresar a los suyos llevaba impreso en sus corazones una nueva fe que será después proclama.

 

La vida transcurre entre amaneceres luminosos y noches hondas de dolor. Hay días tibios como el sol y otros fríos como el invierno del alma. Pero este pasaje nos conduce al amanecer eterno,
cuando de un sepulcro oscuro brotó la luz gloriosa de la resurrección de Cristo

¿Qué significado tienen las palabras que escribió el mismo Juan ante el acto de la resurrección “y vio y creyó?”

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