Jesús le dijo: ¡María! # 126

 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).  Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.  Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas” (Juan 20:14-18).

María Magdalena es la protagonista de este texto. Observamos que ella no reconoce a Jesús por la vista, sino cuando Él la llama por su nombre. Aquella era una voz inconfundible para María, pues le era familiar. La resurrección inaugura una nueva relación: Jesús ya no es retenido como antes, porque ha comenzado su exaltación al Padre. Además, Cristo se presenta ahora como el mediador glorificado que une a sus discípulos con Dios como Padre. La muerte no le venció.

 

“…y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.” María ve a Jesús, pero su comprensión está nublada por el dolor y las expectativas humanas. Esto enseña que la resurrección no se impone a los sentidos, sino que se revela al corazón. Dios se acerca primero; el reconocimiento viene después. Este versículo revela que la presencia del Cristo resucitado puede ser real aun cuando no es reconocida inmediatamente. Esto nos muestra que la fe no depende primero de la vista, sino de la revelación divina. No es “ver para creer”

“Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? …” Jesús dirige preguntas que revelan el estado espiritual de María más que buscar información. El llanto muestra amor, pero también incomprensión de la obra redentora ya cumplida. Confundir a Jesús con el hortelano señala una visión limitada de la gloria del Resucitado. El dolor a veces produce esto. Sin embargo, y en el caso de María, Jesús permite que la búsqueda continúe hasta que llega la revelación gloriosa.

 

“Jesús le dijo: ¡María! … ¡Raboni!” Fue la voz de Jesús, diciendo “¡María!”  lo que produjo el reconocimiento que el hortelano era el mismo Jesús. Esto subraya el carácter profundamente personal de la resurrección. La fe de María se había cultivado a través de la relación, no solo de la evidencia. La respuesta “Raboni” expresa reverencia, amor y entrega. Con esto afirmamos que, el Cristo resucitado se revela primero como Señor cercano antes que como Rey exaltado.

 

James Bartley  dice: “Fue cuando Jesús pronunció su nombre personal que la revelación gloriosa de la presencia del Cristo resucitado invadió su mente. Parece que hubo algo en la manera en que Jesús pronunció su nombre que la sacudió del estupor de su tristeza, o el mismo hecho de que este extraño la hubiera conocido por nombre” (Comentario Bı́blico Mundo Hispano: Juan, 1. ed. (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2004), 401.

 

“Jesús le dijo: No me toques… Subo a mi Padre y a vuestro Padre…” Esta declaración marca una transición en la relación entre Jesús y sus discípulos. La resurrección inaugura una nueva etapa en la historia de la redención. Cristo ya no es retenido en su estado terrenal, pues avanza hacia su glorificación. Teológicamente esto afirma la nueva filiación: Dios es ahora Padre de los creyentes en Cristo. La resurrección abre el camino a una comunión eterna con Dios.

 

Alberto T. Platt comenta dos razones para no ser tocado: Primero, que todavía no había ascendido y tenía algo pendiente que hacer. Antes debía ascender al Padre para presentarle oficialmente su sangre derramada en propiciación por los pecados en el Lugar Santísimo, ante la presencia de Dios en el cielo. La segunda razón que le dio para que desistiera de su actitud, fue que tenía una encomienda especial para ella (v. 17): Ir a reportarlo todo a sus “hermanos” (Estudios Bı́blicos ELA: Para Que Creáis (Juan) (Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C., 1995), 146–147.

 

 “Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas…” La primera testigo de la resurrección es enviada como mensajera. Esto revela que la fe verdadera se transforma en testimonio. Viéndolo desde el punto de vista de la Gran Comisión, María representa a la Iglesia naciente proclamando al Cristo vivo. Lo que ella dice no es opinión, sino revelación directa: “he visto al Señor”. La resurrección convierte al creyente en testigo del Evangelio. Amén.

 

Todo este pasaje nos enseña que la resurrección no solo vence la muerte, sino que transforma la comunión entre Dios y su pueblo. No podemos dejar de decir lo que hemos experimentado.

 

¿Por qué Jesús dijo a María que no lo tocara, porque no había subido al Padre (v. 17), pero después las mujeres abrazaron sus pies y lo adoraron (Mateo 28:9)?

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